SICAV es una sociedad de inversión de capital variable que es una sociedad de inversión que viene a ser una mezcla entre un fondo de inversión y una sociedad anónima. El capital social de una SICAV está dividido en acciones pero tiene las ventajas fiscales de los fondos de inversión.
Las ventajas fiscales de las SICAV se basan en ser tratadas como instituciones de inversión colectiva y, por tanto, como tales sociedades, sus operaciones tributan al 1% en el Impuesto de Sociedades pero los accionistas demoran el pago de impuestos hasta que se materialicen las plusvalías. Es decir, los accionistas (o inversores) pagarán el impuesto que le corresponda sobre el reparto de dividendos, en caso de producirse, o cuando proceda a la venta de las acciones. Por tanto, un accionista puede estar sin pagar impuestos durante años en el caso de no recibir dividendos si no procede a vender las acciones que posee. Las plusvalías van aumentando el valor patrimonial de la SICAV pero ello no les obliga a tener que ir pagando por las plusvalías de su inversión sino, sólo cuando venda las acciones.
Por el lado de la gestión, al tener la forma de sociedad anónima, permite todas las ventajas de operatoria y decisión de la inversión, siendo el inversor quien toma las decisiones, apoyado o no por un equipo gestor, que bien puede estar en la propia SICAV o contratado externamente.
Estas ventajas fiscales y de gestión son el motivo por el que muchas de las grandes fortunas tengan sus SICAVs correspondientes, como una vía para gestionar su inversión mobiliaria. A continuación, el mapa de las SICAV de España.
Para crear una SICAV se necesita un capital mínimo de 2,4 millones de euros y más de cien accionistas. En su activo, más del 90% deben ser inversiones mobiliarias con cotización oficial y no pueden haber ningún valor de una sociedad que supere el 5%, salvo en algunas excepciones que están reguladas por la CNMV.
