Crisis económica, crisis de modelos y de valoración
Si algo ha dejado claro esta crisis es que el comportamiento económico es menos previsible de lo que es controlable (al uso) en los modelos económicos que aparecen en los libros de texto. Algo decepcionante para cualquier alumno de ciencias de ámbito económico, el tener que pensar que eso que estudia es sólo para introducir conceptos pero no es eso sólo sino que hay mucho más que aprender. Y para los que ya no somos alumnos, en muchos casos economistas curtidos, también es decepcionante no poder dar un diagnóstico exacto sino probable y atendiendo a una serie de premisas y condicionado a sucesos, cuando algún conocido nos pide un diagnóstico y su remedio. No creo que sea un problema en sí mismo, sino más bien como se ha “entendido” la Economía en general y lo que se le pide a los economistas. Al médico no se le puede pedir eludir o evitar, siempre, la muerte del paciente. Al margen de esa posible discusión de fondo, lo que está claro es que hay una crisis de modelos económicos y de su capacidad de ajustarse a una simulación de la realidad cuando se intenta proyectar su comportamiento. Pero no queda ahí el tema. Hoy salta a los titulares de los principales periódicos económicos entrar en cuestión criterios de valoración contable muy llamativos.
Me refiero a esta noticia: “Buffett, a favor de suprimir el ‘mark to market’: muchos lo ven como la única salida” Para quienes quieran profundizar en el criterio de valoración mark to market, está muy bien explicado (aunque en inglés) en Wikipedia Mark to market que, en síntesis, consiste en valorar a precios de mercado cuando esa valoración es fiable, como lo es en los mercados de instrumentos financieros que están muy regulados y cuyos precios son públicos. Lo que llama la atención es que no hace mucho se criticaba la prudencia valorativa por ser el criterio más pesimista de valoración y de dar una visión sesgada de la realidad. La prudencia valorativa para los que no la conozcan es un principio contable que obliga a reconocer las pérdidas en cuanto se conozcan pero no dejaba reconocer beneficios si estos no se materializan, es decir, si no se producen con toda certeza. Este principio es histórico y se ha defendido por una actitud proteccionista de impedir descapitalizaciones por repartos de beneficios no realizados que pudieran no materializarse finalmente. Pues bien, buena parte de la doctrina contable ha venido luchando por romper con esa visión unilateral de la realidad en la valoración contable. Las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC), las NIIF en el ámbito europeo y, recientemente, nuestro nuevo Plan General de Contabilidad (que se suma a ellas), finalmente han traspasado parcialmente esa prudencia de la valoración en el sentido que se permite reconocer “ajustes de valor” aunque no se hayan realizado los beneficios. Pero chocante es que se pida que no exista prudencia valorativa y que no se tome el valor de mercado (valor razonable) ni en el caso de pérdidas. Choca y sorprende, pero se entiende que se pida dada la interpretación de esos criterios de valoración que hacen algunos y, por desgracia, más de los que deberían.
El problema no es ese criterio de valoración sino cómo se analizan los estados contables y las conclusiones que se sacan de esos análisis y que conste que no me refiero a Buffett, por supuesto, que es un maestro de análisis fundamental. Ni los bancos, ni ninguna empresa está estática. El análisis, por tanto, no puede ser estático. Un balance es el reflejo de una parte de la situación de la empresa en un momento dado pero igual que una foto saca la imagen de una pierna de un individuo”fija”, cuando igual está corriendo, así son las empresas: se mueven. Eso parece que se les olvida a muchos analistas y que la valoración es “atendiendo” a una serie de criterios, un balance no es el resultado de una liquidación de la empresa en ese momento, porque no se está liquidando, está “andando o corriendo”. Si eso se tuviese en cuenta muchos diagnósticos seguro que cambiarían. El problema no es el criterio de valoración sino el diagnóstico que realizan de la realidad.



