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La burbuja de los derivados y el apalancamiento

Lo que empezó como una burbuja inmobiliaria, pasó a ser una crisis financiera de dimensión inimaginable hace apenas unos meses. A la falta de liquidez se suma la crisis de confianza, configurando un cuadro que roza lo psicosomático y ya se sabe lo difícil que es “curarse” de tales males. En post anteriores me he referido a la burbuja inmobiliaria, a las crisis hipotecarias y bancarias, como elementos de observación. He seguido especialmente a la volatilidad y, más concretamente, al VIX como síntesis y medida del miedo existente en el mercado. Es tan interesante “vivir” esta crisis (que amontona subcrisis dentro de ella) que este post se va a dirigir a hacer una mención a lo que puede estar en el telón de fondo de la misma: billones de dólares en productos derivados en un mercado que se ha desarrollado de forma exponencial en menos de una década, cuando en algunas cifras extraoficiales los sitúan en trillones de $.

Fue Warren Buffett quien en el informe anual de 2002 a los accionistas de Berkshire Hathaway señaló que “los derivados son armas financieras de destrucción masiva e implican peligros que, de momento, se mantienen en estado latente pero que pueden llegar a ser mortales”. De ello se hizo eco Paul B. Farrell en un histórico artículo en MarketWatch titulado “Derivatives the new ticking bomb” en marzo de 2008, donde pone énfasis a que el mercado de derivados ha pasado de 100 billones $ cuando Buffett advirtió del peligro a 516 billones $ al cierre de 2007. Durante 2008, según la información del Banco Internacional de Pagos en su informe trimestral del 30 de septiembre ha ascendido a 600 billones $ habiendo estado el máximo durante el año en 690 billones $. Al menos hay un dato esperanzador, y como siempre me agarro a ellos, por primera vez ha descendido “algo” en lo que parecía un progresivo hinchazón de la bola.

Ante cifras tan astronómicas Farrell hace algunas comparaciones para tomar una justa medida de su dimensión:

  • El PBI anual de EE.UU está cercano a los 15 billones $
  • La masa monetaria de EE.UU está también cercana a los 15 billones
  • El actual presupuesto federal propuesto de los EE.UU. es de 3 billones
  • El máximo de la deuda legal del gobierno de EE.UU es de 9 billones
  • Las compañías de fondos mutuos de EE.UU manejan cerca de 12 billones
  • El PBI mundial de todas las naciones es de aproximadamente 50 billones
  • Seguridad Social sin aportes y Seguros de enfermedad van de 50 a 65 billones
  • El valor total de las propiedades inmobiliarias del mundo se estima aproximadamente en 75 billones
  • El valor total de los mercados mundiales de valores y de bonos es más de 100 billones

Impresionante al compararlos con los 600 billones del mercado de derivados ¿no?

Pero si a alguien hay que resaltar al hablar del mercado de los derivados, no sólo en el ámbito de la opinión sino tambien en su regulación es a Greenspan. Fue defensor y propulsor de su mercado por valorar muy positivamente la función de cobertura de riesgos y confiando que las distintas instituciones que intervienen ajustarían sus riesgos. Sin embargo, en su reciente comparecencia ante el comité de supervisión de la Cámara de Representantes (junto al ex secretario del Tesoro John Snow y el presidente de la autoridad reguladora del mercado de valores (SEC), Christopher Cox) reconoció que se equivocó parcialmente al valorar los riesgos asociados a los derivados de deuda que están detrás de la crisis. Ha admitido que no fue capaz de anticipar la dimensión y gravedad de su efecto sobre la crisis.

Ciertamente, los derivados nacen como cobertura de riesgos. Esa es su motivación principal pero no podemos obviar que también son utilizados de forma especulativa. Son apuestas a futuro sobre el valor de las materias primas y sobre prácticamente cualquier activo financiero, índices, tipos de interés etc. Hay muchas apuestas lanzadas a futuro y mucha inexperiencia sobre el efecto y el uso de los mismos en el mercado “con mayúsculas” en las dimensiones actuales. Por lo que estamos viendo, los riesgos de unos contrarrestarían los de otros pero si ese equilibrio se rompe no sabemos lo que puede pasar. Especialistas en derivados fueron Lehman Brothers y Bear Stearns y algo les falló en sus previsiones.

Como es sabido, el apalancamiento de los derivados igual que “apalanca” los beneficios “apalanca” las pérdidas. En tal caso, si tras ellos no existen las garantías para sustentarlas, el efecto es mortífero. No sé si me equivocaré pero no voy a ocultar que al contemplar las caídas alocadas de los mercados estos días pasados pensé que buena parte eran motivadas por ejecución de operaciones por falta de garantías realizadas por los brokers para proteger los niveles de garantía de las cuentas. Ventas tan “ciegas” parecían más fruto de ordenes automáticas por “falta de saldo” que por algo razonable. Me cuesta creer que el miedo sea tan bestia. Pero no me cuesta nada creer que los mecanismos del mercado si explotan por la causa que sea, explotan y no hay más que hablar. Eso no lo dudo, sería negar la evidencia. Esperemos que la limpieza del mercado ya se haya hecho y si no, pues seguiremos a “son de bolsa” hasta que las señales cambien de color. De cualquier forma, no perderé de vista las cifras de los derivados.

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